Cristóbal Colón y Panamá

Desembarco de Cristobal Colon

Desembarco de la Escuadra de Cristóbal Colón

La relación entre Cristóbal Colón y Panamá nace durante el último viaje al Nuevo Mundo. Colón zarpa del puerto de Cádiz el 9 de mayo de 1502, liderando cuatro carabelas en compañía de su hermano; el Adelantado Don Bartolomé Colón y 140 hombre de tripulación.

BartolomeColon

Ilustración del Adelantado Don Bartolomé Colón

Después de muchas vicisitudes, Colón llega a la isla Guanaja, cerca de Honduras, el 30 de julio de 1502. El 6 de octubre el grupo se detuvo en una bahía, que resaltaba por  la exuberante vegetación y sus limpias aguas. Esta bahía era conocida por sus habitantes como bahía de Caribaró.

Aquella Bahía, fue rebautizada con el nombre de Almirante, en homenaje a su descubridor. El viaje continuó a la Bahía de Aburema, actualmente laguna de Chiriquí, donde los Españoles adquirieron piezas de oro, a través del comercio de intercambio que establecieron con los indígenas de la región. Los naturales adornaban sus cabezas con guinaldas de flores y coronas formadas de las uñas de animales, pero lo más llamativo era las lucientes láminas de oro que llevaban colgadas del cuello, que su sola vista exacerbaba la codicia de los viajeros.

Carabelas de Cristobal Colon

Algunos lugareños, conducidos a la presencia de Colón, informaron sobre la existencia de abundante oro en las sierras al oriente, a pocos días de distancia, región que los naturales denominaban Veraguas.

Colón reporta a los reyes en sus cartas, sobre la Provincia de Ciguare que, según los naturales, estaba hacia el “Poniente”, donde había “infinito oro” y sus habitantes usaban “corales en la cabeza, manillas en los pies y en los brazos. Indicó además que, las mujeres lucían collares colgados de la cabeza a las espaldas y conocían la pimienta”. También en Ciguare se celebraban “ferias y mercaderías”. Las embarcaciones venían de allí cargadas de bombardas, arcos, flechas, corazas, “ricas vestiduras” y “buenas cosas”.

Los viajeros abandonan la laguna de Chiriquí a mediados de Octubre. La tripulación recorre la isla del Escudo, donde reciben en algunas ocasiones un trato amigable y otras hostiles por parte de los indígenas. En estos recorridos se logra recoger alguna cantidad de oro y se exploraron puntos importantes de la costa de Veraguas, hasta Cubiga, sitio donde se esperaba extraer el oro deseado.

El 2 de Noviembre Colón y sus tripulantes entran en un espléndido y cómodo puerto rodeado de una elevada comarca, con muchas casas que formaban en el fondo una ordenada población. En la región destacaba los árboles frutales, palmas, maizales. A Colón agradó la belleza del puerto como su fertilidad en las tierras del contorno, bautizando al lugar con el nombre de Porto-belo ( nombre conservado en la actualidad).

Siete días permanecieron en ese lugar, principalmente, por lo inclemente del tiempo. Los indios de la comarca establecieron en ese lapso relaciones con los viajeros, llevando en sus piraguas a las naves, frutas, hortalizas y algodón hilado; pero el oro parecía escaso, pues sólo usaban prendas de este metal el cacique y un reducido número de indios principales.

Con viento favorable salió la escuadra de Portobelo y alcanzó la punta denominada después Nombre de Dios; pero el tiempo cambió  y las embarcaciones tuvieron que entrar de arribada en un puerto al cual se le llamo Bastimentos, por estar cultivados los terrenos de la costa e islas inmediatas de frutos y maizales. Allí permanecieron las embarcaciones detenida por los incesantes de los temporales, los cuales duraron varios días. Los marineros se dedicaron a reponer las averías de las naves durante ese tiempo.

Al cabo de nueve días de reposo y luego de rechazar un ataque alevoso de los naturales, la escuadra se hizo a la mar, con rumbo siempre al Oriente; pero desconfiando ya el Almirante de encontrar el paso que buscaba, decidió poner proas a Veraguas, para explorar las afamadas minas de oro de esa región.

Vientos adversos y un mar agitado entorpecieron la marcha de la triulación en su rumbo hacia Veraguas. El desaliento había cundido en las tripulaciones por los trabajos pasados en esa costa que Colón denominó tristemente Costa de los Contrastes.

Combatida siempre por las tormentas, la flota encontró abrigo en un paraje de la costa digno de mención por la costumbre de los habitantes de fabricar sus viviendas en la copa de los árboles, para ponerse a salvo del ataque de las fieras y de las inundaciones frecuentes en la región. Al cabo de una lucha constante para salvar una distancia de treinta leguas desde Portobelo, las naves anclaron en las bocas de un río nombrado por los naturales Yebra o Quiebra y que llamaron los españoles Belén, por haber llegado allí el 6 de Enero, día de la adoración de los Reyes.

Colón confió a su hermano el Adelantado Bartolomé, la exploración de la región, por lo que informa de la alianza con los indígenas que poblaban dichas tierras, estableciendo una amistad con el Quibián, poderoso jefe de la Comarca.El Almirante, resuelve, fundar un establecimiento para asegurar la posesión de la comarca. Este proyecto inició con  una construcción pequeña, en la desembocadura del río, de varias casas de palma para depósito de las provisiones

Al establecimiento se le dio el nombre de Santa María de Belén, en el cual se asignaron alrededor de 80 hombres con Don Bartolomé para continuar con la colonización de la región y el laboreo de sus minas. Cristóbal Colón mientras tanto se marchaba a España en busca de apoyo para proseguir dichos planes.

Los indígenas, que inicialmente se mostraron cooperadores con los españoles, se alarmaron ante la ocupación de sus tierras. Don Bartolomé decide entonces tomar la ofensiva. El Quibián toma las providencias para oponerse a tal propósito planeando destruir los establecimientos construidos y arrojar a la costa a los colonos.

Enterado Don Bartolomé de estos planes, decide anticiparse, sorprendiendo al Cacique en el río Veraguas; de esta forma dando captura al Cacique junto a toda su familia  y principales amigos, convenientemente sujetos con cuerdas se les condujo hacia Belén. El Quibián, sin embargo, aprovechando un descuido de su apresor, se  arrojó del bote al agua cuando todavía navegaba en el río Veraguas. Este suceso no levantó mayor expectación pues se esperaba que el Quibián pereciera ahogado.

Inesperadamente el Quibián logró salvarse a pesar de las ligaduras. El Quibián, junto a tribus vecinas atacaron al establecimiento español en Belén hiriendo entre otros a el mismo Adelantado Don Bartolomé, cuando la flota dejaba el establecimiento con poca guarnición. A partir de este incidente los ataques con flechas, lanzas y macanas se repitieron sobre el establecimiento, por lo que los colonos, evitando ser finalmente rodeados, abandonan el lugar y construyen una defensa con cajas y toneles a orilla del mar.

Mientras tales sucesos ocurrían en tierra, en las bodegas, donde se mantenían cautivos las amistades y miembros de la familia del Quibián, éstos deciden lanzarse al mar para recobrar su libertad. Detenidos algunos en su intentos fueron recluidos nuevamente en las bodegas. Los cautivos fueron encontrados ahorcados al día siguiente, pues prefirieron la muerte al cautiverio.

Ataque del Qubian

Ataque del Quibián

Los problemas climáticos al impedir la marcha de la tripulación, les salvó de una muerte segura, ya que, necesitando aumentar la provisión de agua para el viaje, se envió al río un bote tripulado por varios hombres, los cuales de a poco perecían dentro de una emboscada preparada por los indígenas. Un castellano que logró salvarse regresó dando cuenta de los sucesos de Belén y del fin desgraciado de los tripulantes del bote.

La escuadra entonces se aproximó a la orilla, recoge los colonos y levantando anclas en los últimos días de Abril de 1503, abandonando de esta forma las costas de Veraguas, sobre las cuales se concentraban las mayores esperanzas de Colón. El viaje de regreso a España estuvo lleno de incidentes para el ya gastado Almirante. Después de tener que dejar abandonado en el río Belén un buque que se destinaba al servicio de la colonia, se vio obligado a abandonar a otro, incapaz ya, para navegar en la bahía de Portobelo.

En los buques restantes, Colón, siguió costeando el Istmo, conoció el Archipiélago de las Mulatas y llegó cerca del Golfo de Urabá. Marcando rumbo al norte llegó en Jamaica en cuyas costas naufragó, circunstancia que lo mantuvo durante casi un año en esa isla. Finalmente recibe ayuda desde Santo Domingo, lo que le permite arribar a España en Noviembre de 1504, pocos días antes de que muriera su protectora la Reina Isabel.

Muerte - Cristobal Colon

Muerte de Cristóbal Colón

 

Abatido y enfermo vivió Colón unos meses en Sevilla, luego se trasladó a Valladolid, lugar dónde murió el 20 de mayo de 1506, después de haber recibido los santos sacramentos. Sus últimas palabras fueron: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.

El Rey Fernando hizo trasladar sus restos al monasterio de Cartujos en Sevilla y grabaron sobre su tumba, el siguiente epitafio:

“Por Castilla
Y por León
Nuevo Mundo
Halló Colón”. 

Referencia:

Servicio Informativo de los EE.UU. (1953) Panamá – Eslabón entre dos mundos, la historia gráfica del Canal de Panamá, en conmemoración del Cincuentenario de la República de Panamá.

Sosa J, Arce E (1911) Compendio de Historia de Panamá.

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El Himno Nacional

Partitura del Himno Nacional

Hacia el año 1897, el español Don Santos Jorge compuso la música de una canción escolar que tituló Himno Istmeño. Esta canción era cantada por los escolares de toda la República. Muy pronto llegó a ser muy popular el Himno Istmeño cuya letra es como sigue:

“Del Istmo el Acta santa
Bolivar admiró;
incruenta fue la lucha 
que el pueblo redimió

¡Oh! sol brillante y  puro
que alumbras refulgante 
del Istmo la esplendente 
¡sublime libertad!

Por ti palpita puro 
el pecho entusiasmado
¡Oh! gloria del pasado
¡Oh! ¡pléyade inmortal!

La letra de este Himno es de Don Juan Agustín Torres, Secretario de Instrucción Pública en el Departamento de Panamá.

El 25 de diciembre de 1903 en la recepción de un diplomático se tenía que cantar el himno nacional. Como todavía no existía, Don Santos Jorge hizo tocar el Himno Istmeño; el público dio su aprobación por medio de grandes aplausos y manifestando su satisfacción.

Don Santos Jorge/ La PRENSA

Animado por la buena impresión con que el Himno Istmeño había sido recibido por el público, Don Jerónimo de la Ossa compuso una letra especial para el Himno Nacional, la cual sería cantada con la misma música del Himno Istmeño.

El Himno original del señor de la Ossa decía así:

“Alcanzamos por fin la victoria
en el campo feliz de la unión;
con CAMBIANTES fulgores de gloria
se ilumina la nueva nación.

Es preciso cubrir con un velo
del pasado el calvario y la cruz;
y que adorne el azul de tu cielo,
de concordia la espléndida luz.

El progreso acaricia tus lares
al compás de PATRIOTA canción
Y TE BESAN LOS PIES LOS DOS MARES
que dan rumbo a tu noble misión.

En tu suelo SEMBRADO de flores
a los besos del tibio terral,
YA NO PUEDEN VIVIR LOS SEÑORES;
sólo reina el amor fraternal.

Adelante la pica y la pala,
ADELANTE sin más dilación,
SOLO ASÍ FORMAREMOS LA SALA
de este mundo feraz de Colón”.

Con ligeras modificaciones fue aceptado oficialmente ese Himno como Himno Nacional con carácter provisional en 1906. No fue sino hasta 1925, cuando se dio carácter oficial definitivo al Himno Nacional de Panamá.

Don Jerónimo de la Ossa/ La PRENSA

Las palabras en mayúscula fueron cambiadas más tarde cuando se adoptó definitivamente el Himno Nacional, como puede observarse haciendo una comparación entre ambas piezas poéticas. La actual letra de nuestro Himno es la siguiente:

HIMNO NACIONAL DE PANAMÁ

CORO

Alcanzamos por fin la victoria
En el campo feliz de la unión;
Con ardientes fulgores de gloria
Se ilumina la nueva nación.

I Estrofa

Es preciso cubrir con un velo
Del pasado el calvario y la cruz;
Y que adorne el azul de tu cielo
De concordia la espléndida luz.

El progreso acaricia tus lares,
Al compás de sublime canción
Ves rugir a tus pies ambos mares 
Que dan rumbo a tu noble misión

CORO

II Estrofa

En tu suelo cubierto de flores 
A los besos del tibio terral,
Terminaron guerreros fragores;
Sólo reina el amor fraternal.

Adelante la pica y a pala,
Al trabajo sin mas dilación,
Y seremos así prez y gala 
De este mundo feraz de Colón.

CORO

Fuente:

Revista Recreo 1972,  El Himno Nacional,  Ed.Noviembre.

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Panamá y los descubrimientos del nuevo mundo I

Rodrigo Galván de Bastidas

Panamá ha sido el centro natural de las Américas, por ser el punto de enlace entre el Hemisferio Occidental que une la cordillera que comienza en los alrededores del Círculo Ártico y termina en la Tierra de Fuego.

Para esta revisión partiré de la idea de que, como alumnos de primaria, media y pre-media ya has conocido sobre los viajes de Cristóbal Colón a América y otros aspectos relevantes de aquella época en la que se buscaban nuevas rutas de navegación para llegar a la India.

Quisiera compartirles la historia desde el momento, en que aquellos exploradores arriban al istmo de Panamá. A veces en los cursos de Historia entre tantos detalles se pierde la esencia sobre los hechos que impactaron profundamente en nuestro terruño.

La historia moderna de Panamá empieza en 1501, cuando Rodrigo Galván de Bastidas,  sevillano, escribano del barrio de Triana, duelista y notario, visitó las costas septentrionales del Istmo de Panamá poco más de ocho años después de que Cristóbal Colón pusiese un pie por primera vez en el Nuevo Mundo.

Recorrido de Bastidas durante la expedición donde se descubrieron las costas del Istmo de Panamá

El hombre destinado a ser el descubridor de Panamá había acompañado a Colón en su segunda expedición a las Indias. Ya para el 1500 se conocía en Europa la existencia de la costa norte de Sur América.

Habiendo obtenido en Junio de 1501 licencia para descubrir en las nuevas tierras, armó y tripuló dos carabelas con las cuales zarpó de Cádiz en Octubre del mismo año, trayendo como piloto a Juan de la Cosa, veterano de los mares de occidente, quien había acompañado a Colón en unos de sus viajes y acababa de recorrer con Alonso de Ojeda las costas de Venezuela.

Juntos surcaron las rutas marítimas por las que previamente había viajado Ojeda, costeando Venezuela; después de haber conocido Bastidas el litoral venezolano, dobló el cabo de la Vela (hacia el suroeste), recorrió las costas del río Hacha, descubrió el Magdalena y las tierras e islas comprendidas entre este río y el golfo de Urabá.

Luego cambiando nuevamente de rumbo,  cruzó este golfo y navegaron a continuación toda la costa panameña desde el río Atrato hasta el puerto del Retrete o del Escribano, nombrándose así en su honor hasta llegar a Punta Manzanillo y al lugar que habría de llamarse más adelante Nombre de Dios.

En este lugar estuvieron apunto de terminar prematuramente su viaje por la broma (hormiga blanca) que había carcomido lenta pero tenazmente los cascos de las naves, obligó entonces a Bastidas a detenerse en sus propósitos de seguir su navegación por las costas del Istmo y a poner rumbo hacia la islas La Española y logró llegar allá antes de hundirse las embarcaciones.

Bastidas fue el primer explorador europeo en divisar la región istmeña de San Blas y la costa caribe de Colombia. En 1504 visitó de nuevo las tierras que había descubierto; pero en vez de establecerse en ellas, regresó a la Española donde pronto se dio cuenta de que sus hazañas.

Continuará…

Nota curiosa: 

Bastidas hombre humanitario y virtuoso que siempre trató con bondad a los indios, aparece más tarde en la historia americana como fundador de Santa Marta, actual capital del departamento colombiano de Magdalena. Trató de ir a Santo Domingo a curarse las heridas de una puñalada infligida por conspiradores. Durante la travesía empeoró su estado de salud y muere en Cuba en 1527 el descubridor de las costas panameñas rodeado de la lealtad y afecto de sus amigos. Sus restos fueron trasladador después a la Catedral de Santo Domingo, donde los cubre una loza desgastada y borrosa que sirve de grada al altar.

Fuentes:

Servicio Informativo de los EE.UU. (1953) Panamá – Eslabón entre dos mundos, la historia gráfica del Canal de Panamá, en conmemoración del Cincuentenario de la República de Panamá.

Sosa J, Arce E 1911, Compendio de Historia de Panamá.

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Los 5 Panameñismos de la Semana

Imagen de la Torre de Panamá la Vieja

1. Boquisucio, cia: Persona de habla vulgar e indecente.

2. Arropar: En lenguaje popular , abrazar y acariciar a una mujer.

3. Averaguarse: Aplícase a la ropa salpicada de puntos o manchas pequeñas, a consecuencia de la humedad.

4. Balacera: De balacear. Equivalente a tiroteo.

5. Balsería: Festividad anual de los indios guaymíes (Chiriquí, Bocas del Toro) en la que usan, como arma arrojadiza y para vencer al contrario, estacas de madera liviana o balsas.

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Colón Simbólico – Ricardo Miró (Dedicado al monumento del Puerto de la paz en Barcelona)

Este monumento fue la inspiración de Ricardo Miró, Barcelona 1912

Por sobre ocho leones que en bélico desplante
sacuden la aspereza de su melena obscura,
al fin de la columna destácase la dura
figura de Cristóbal Colón el navegante.

Tendido el duro índice de bronce hacia adelante,
cuando la brisa bate su recia vestidura
en la callada noche parece que murmura
palabras misteriosas la voz del Almirante.

Pasaron cuatro siglos desde que tendió la mano
y sobre frágil nave atravesó el océano
hasta pisar las costas de América bravía;

mas quién sabe que cosas miró su genio entonces,
cuando tras cuatro siglos Colón fundido en bronce
tiende hacia la América su dedo todavía.

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Generalidades de los Indígenas II

Pieza arqueológica hallada en el cementerio de “El Caño” en Coclé – Reportaje del la edición de enero 2012 de la Revista National Geographic

En esta segunda entrega sobre los indígenas nos ilustraremos sobre situaciones cotidianas de la vida diaria, de las primeras poblaciones del Istmo. Empecemos con la viviendas,  algunas tribus fabricaban con barro diversas vasijas de uso doméstico, instrumentos de música y objetos de adorno; con las plantas textiles hacían petates, hamacas, redes y cuerdas, con las plumas de las aves, primorosas mantas y coronas; con el algodón telas para vestidos y hamacas; con los metales preciosos diferentes joyas.

Sus embarcaciones las construían del tronco de los árboles. No disponían de bestia de tiro ni de carga: así como el transporte marítimo y fluvial se efectuaban en canoas, piraguas o balsas, el terrestre se hacía sobre hombros de pobres rústicos, escogiéndose al efecto para el oficio de cargador a las personas que tenían espalda ancha y robusto brazos.

Ilustración de Indios en épocas Precolombinas

El comercio se reducía al cambio de unos efectos por otros, debido a que desconocían el uso de la moneda. Las ferias eran muy frecuentes y concurridas.

Estos grupos poseían castigos  para la vida en adulterio, el asesinato y el perjurio. Al ladrón le amputaban un brazo, o una mano o los dedos. Los pleitos entre dos personas los decidía el cacique y las faltas no muy graves se castigaban con azotes. La fórmula del juramento consistía en tocarse un colmillo. Casi todas las tribus profesaban el sabeísmo: creían que el Sol era el Dios creador de todas las cosas visibles e invisibles. A la Luna la consideraban esposa del astro-rey, e hijos de ellos a los luceros y a las estrellas.

Los Ngäbes Buglé adoraban a los cerros. Tuira llamaban las parcialidades del Darién al diablo, espíritu que según ellas intervenía de modo fatal y siniestro en las cosas humanas.

Había también ateos, como lo testifican los cronistas españoles. Algunos indios creían en la inmortalidad del alma. Consideraban la muerte como el punto de partida de un largo viaje, de manera que al morir un cacique era enterrado con sus joyas, sus vestidos, sus armas, sus mujeres y sus esclavos a fin de que le sirvieran en la otra vida tal como le habían servido en ésta. Al cadáver se le ponía una gran cantidad de alimentos para que tuviera con que sostenerse durante la eterna marcha que iba a emprender. Por tanto, el concepto que se tenía de la vida futura era puramente material. Los que no creían en ella eran enterrados solos, sin alimentos ni objeto alguno. Las tumbas de los indios se llamaban huacas.

No faltaban los sacrificios humanos en una que otra tribu: las víctimas eran esclavos o aves, también la ofrenda consistía a veces en alhajas, frutas, pan de maíz o sahumerios aromáticos.

Ahora entrando finalmente al momento del encuentro de las culturas europeas y americanas, Panamá se encontraba poblado en cerca de un millón de habitantes. La densidad de población variaba en relación a la capacidad cultural que el indio tenía para aprovechar determinada zona ecológica.

Las zonas más densamente pobladas eran las tierras bajas y premontanas del sector occidental de la vertiente del Pacífico y la tierras ribereñas de los grandes ríos del Este del istmo. La densidad de población de estos casos oscilaba entre 10, 7 15 habitantes por milla cuadrada.

Muchas veces se ha relacionado a los actuales Gunas con los Cuevas, por la identificación del área en un tiempo ocupada por los Cuevas y hoy territorio de los Gunas. También en algunas obras de los cronistas del siglo XVI se hace referencia a los Gnäbes Buglé como los desarrolladores de la cultura arqueológica conocida como Coclé, sin embargo según datos históricos  dentro de la obra de Reina Torres de Araúz los ubican en el extremo occidental del Istmo, con gran incidencia poblacional en la zona costera del Caribe, este cambio en las región pudieron deberse al proceso de la Conquista.

Se avecina para los pueblos nativos en Panamá, una ola de cambios y choques por la conquista

Actualmente tenemos dos grupos claramente diferenciados: Los Gunas y los Emberá Wounan al este y los del oeste: Teribes, Gnäbes Buglé y Bokotás. En el medio de ambos extremos, la región central del istmo, donde no hay población indígena definida en la actualidad, encontramos diluidos los remanentes en el mestizaje con el hispano conquistador.

Fuentes:

Sosa J, Arce E 1911, Compendio de Historia de Panamá.

Torres de Araúz R 1999, Panamá Indígena, Ed. Autoridad del Canal de Panamá, Panamá.

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La Bandera de Panamá

La Bandera de Panamá

La historia de nuestra bandera se remonta a aquellos tiempos de agitación por los movimientos separatistas de Panamá de Colombia. Una de las primeras propuestas fue realizada por el francés Phillipe Bunau-Varilla, quien pensó en arreglar una bandera para Panamá, imitando la de Estados Unidos: era de franjas rojas y amarillas en sentido horizontal. En la esquina superior tenían un cuadrilongo azul y en medio dos soles amarillos, unidos por una franja de igual color, los cuales simbolizaban los dos continentes americanos.

Según Ernesto J. Castillero R., el primer presidente de Panamá, Manuel Amador Guerrero, en Estados Unidos le decía a Bunau Varilla que le gustaba el modelo, la verdad es que no era de su agrado, y cuando llegó a Panamá discutió el punto con algunos miembros de la junta revolucionaria, quienes de plano la rechazaron porque no era apropiado que un extranjero determinara como iba a ser símbolo de la nacionalidad panameña.

Se adoptó el que propuso su propio hijo, llamado Manuel Encarnación Amador Terreros, quien tenía reconocidas habilidades como artista, y finalmente fue confeccionada por doña María Ossa de Amador.

Para su confección se tomó como referencia los colores característicos de de los partidos (el Liberal representado por el color rojo y el Conservador representado por el azul). El blanco simboliza la paz a la cual llegaban ambos partidos. Las estrellas señalaban la rectitud, la fuerza y la autoridad características del desarrollo del país.

¿Que te parecen los dos modelos propuestos? - En la imagen observamos la bandera propuesta por Phillipe Bunau Varilla y Manuel E. Amador/ Periódico El Siglo

Como puede observarse en la figura, la colocación de los colores no era el mismo: el azul estaba arriba junto al asta.

Según la ley 64 del 4 de junio de 1904, nuestra actual bandera es descrita en el artículo 6°: “la bandera panameña es un cuadrilongo dividido en cuatro cuarteles: el primero superior cerca del asta, de color blanco con una estrella azul de 5 rayos; el segundo superior a continuación del ya descrito, de color rojo; el primero inferior cerca del asta de color azul; y el segundo inferior a continuación de éste, de color blanco con una estrella roja de 5 rayos”.

El señor Ernesto J. Castillero explica de la siguiente manera el simbolismo de nuestra bandera: “La bandera panameña compuesta por cuatro cuadros, dos blancos y los otros dos rojos y azul . La combinación de tales colores simboliza la paz que tanto anheló este suelo por la unión pacífica de los partidos históricos que tienen como divisa los colores rojos y azul, en una comprensión espontánea y justa de sus derechos recíprocos al gobierno del Estado. Con sus estrellas por guía, Panamá ha sorprendido al mundo por su progreso y ha visto consolidarse su posición internacional.  El azul de sus mares al besarse en este suelo ha traído a nuestras costas la civilización universal y el rojo de la sangre no se derrama ya en lucha fraticida, sino que se transforma en energía para impulsar el adelanto de la patria en todos los órdenes de la vida. Y esto bajo la égida de la  concordia que está representada en el color blanco”.

El pabellón nacional fue bautizado solemnemente y jurado por los cuerpos militares de la República y por la autoridades civiles, en diciembre de 1903.

Fuente:

La bandera de Panamá, Idea, Adopción Legal, Historia, Símbolos patrios., Protocolo.org, consultado el: 31 de enero de 2012 disponible en: http://www.protocolo.org/internacional/america/la_bandera_de_panama_idea_adopcion_legal_historia_simbolos_patrios.html

Revista Recreo 1972,  La Bandera,  Ed.Noviembre.

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